Isabel de Este Gonzaga: la Señora del Renacimiento
Isabel de Este, como todas las mujeres de su época, tenía un destino ya escrito: casarse y dar a luz hijos, posiblemente varones. Tuvo seis, tres varones y tres mujeres. Pero su vida no se limitó a esto. Su matrimonio con Francesco II Gonzaga no fue una gran historia de amor, y su verdadero interés siempre fue otro: el arte y la belleza, pasiones que la hicieron inmortal en la historia.
Una mujer adelantada a su tiempo
Amante de la política, de los viajes y, sobre todo, del arte, Isabel fue una de las pocas mujeres de su época que participó activamente en la vida política, administrativa y cultural.
Isabella niña, chica, mujer
Educada en la corte de Ferrara, su ciudad natal, Isabella creció en un ambiente animado, rodeada de artistas e intelectuales. Desde pequeña traducía textos del latín y del griego, y se apasionó por la pintura, la escultura y la música.
Con tan solo siete años fue prometida en matrimonio con el marqués de Mantua Gian Francesco Gonzaga y a los trece años fue enviada a la corte de Mantua para prepararse para el matrimonio, que tuvo lugar dos años después.
Isabel de Este tuvo contacto con algunos de los más grandes artistas y políticos del Renacimiento. Entre los artistas, frecuentó a Leonardo da Vinci, Mantegna, Perugino y Giulio Romano. Entre los personajes históricos, estuvo en contacto con Ludovico el Moro, el rey de Francia Luis XII, Francisco I, el emperador Carlos V, el papa Julio II e incluso la familia Borgia. Su cuñada, en su tercer matrimonio, se convirtió en la famosa Lucrecia Borgia.
¿Cómo era Isabella d'Este?
Físicamente, era pequeña y bastante rechoncha, aunque los retratos nos la muestran más idealizada. Era autoritaria, respetuosa, decidida y ambiciosa, cualidades que la convirtieron en una figura destacada en su época.
Muchos artistas la retrataron, pero con resultados muy diferentes entre sí:
- Andrea Mantegna, pintor de la corte de Mantua, no la retrató con especial belleza, y la pintura se ha perdido.
- Tiziano, sin embargo, supo satisfacer a su cliente, realizando un retrato que la valorizaba al máximo.
- Rubens, un siglo más tarde, la pintó de manera más recargada. El retrato que se conserva en el Schloss Ambras de Innsbruck está considerado como uno de los más fieles.
- Leonardo da Vinci fue el único que no accedió a sus peticiones: después de mucha insistencia por parte de Isabel, se limitó a realizar un boceto con carboncillo.
Sin embargo, no todos fueron amables con ella: Pietro Aretino la describió sin piedad como «monstruosa, con dientes de ébano, pestañas de marfil, deshonestamente fea y ardilosamente embellecida».
Una mujer fuera de lo común
El lema de Isabel de Este Gonzaga era «nec spe nec metu», es decir, «ni con esperanza ni con temor». Una expresión que representa bien su personalidad fuerte, independiente y decidida.
Incluso hoy en día, su figura sigue siendo uno de los símbolos más fascinantes del Renacimiento italiano.
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